 |
El miedo a las relaciones con los demás: fobia social |
Características esenciales y forma de tratamiento
A pesar del aparente auge de los comportamientos individualistas que parecen presidir en las sociedades modernas y post-modernas, la experiencia personal cotidiana nos revela que pasamos mucho tiempo inmersos en alguna forma de interacción social. Seguimos considerando la gran importancia que las relaciones sociales tienen para nuestro desarrollo personal y valoramos las relaciones sociales de forma muy positiva y satisfactoria. Disfrutamos de las interacciones establecidas con los demás y las sentimos como fuente de bienestar personal.
No obstante, actividades sociales como iniciar o mantener conversaciones, participar en actividades de pequeños grupos, hablar con compañeros de trabajo, con jefes o profesores, asistir a fiestas... son con relativa frecuencia motivo de temor por determinadas personas.
Cuando este temor es excesivo y persistente suele provocar una respuesta ansiosa. En esos momentos, la situación produce un malestar acusado, provoca conductas de evitación que interfieren en la propia capacidad de la persona para funcionar adecuadamente en la situación social.
La persona se encuentra cómoda cuando realiza las actividades en solitario, pero las teme excesivamente, se presenta como fobia, cuando otras personas están presentes. Se siente observada y valorada, de tal modo que cree que se resaltarán sus aspectos negativos, que no será capaz de salir airoso y, por tanto, que va a ser humillada.
Las situaciones sociales que suelen generar intensa ansiedad, según Hazen y Stein (1995), son, entre otras:
· Hablar a una audiencia o a un grupo
· Conocer a extraños
· Dirigirse al superior para pedirle algo
· Tocar un instrumento musical con un auditorio
· Comer con extraños
· Escribir ante otras personas
· Relacionarse con el sexo opuesto
· Ser observado en el trabajo
La fobia social aparece con mayor intensidad en la adolescencia y una vez asentada suele durar toda la vida. Va acompañada en ocasiones de ataques de pánico, baja autoestima o fobias específicas. A menudo, estas personas adaptan su estilo de vida a su propio problema.
Los teóricos describen dos tipos:
· La fobia social generalizada, cuando la persona teme a la mayoría de las situaciones sociales fuera de su ámbito familiar.
· La fobia social restringida, cuando la persona sólo teme a una o dos situaciones específicas. El temor a hablar en público es la más extendida.
Ciertos autores como Davison (1993) han encontrado en sus investigaciones han aislado ciertas variables comunes en las personas con fobia social:
· Tienen menos estudios
· Tienen menos estatus socioeconómico
· Suelen vivir sin pareja
· Padecen otros problemas psicológicos
· Cambian a menudo de trabajo, y
· Están aisladas socialmente.
La fobia social puede ser tratada con diferentes procedimientos. El método más empleado se denomina de “desensibilización sistemática”, siguiendo el proceso de Wolpe. Utiliza como procedimientos el entrenamiento en relajación, la construcción de jerarquías de ansiedad y la aplicación de la desensibilización trabajando sistemáticamente a través de las jerarquías. Hoy día es tratada con intervenciones de tipo cognitivo-conductual en donde el entrenamiento en habilidades sociales es un elemento fundamental. La persona debe cooperar en tareas específicas que implican situaciones imaginarias o de aproximación a situaciones reales.
En general, la reducción de la ansiedad se establece de forma gradual, y con estos tratamientos se disminuye notablemente la intensidad del temor o llega a desaparecer, se aminora el malestar subjetivo y se aumentan las expectativas de autoeficacia.
Aproximación a mi particular situación
|